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10/03/2010

La semana pasada, cuando me estaba muriendo, yo no lo sabía...

Por Robert Vargas
Fuente: Ciudadoriental.com
Le he robado un momentito a mi "descanso" obligatorio para comentarle esto a ustedes, mis amigos y amigas, que son miles y están atentos a la evolución de mi condición de salud.

Lo primero que les voy a decir es que, la pasada semana, cuando me estaba muriendo, yo no lo sabía.

Es más, apenas ayer, dia martes, me di cuenta que estaba más cerca de la tumba cuando me dijeron que mis buenos amigos del Gobierno de la Mañana, el popular programa de la "Z", me rezaron un "Padre Nuestro".

También cuando aquella buena señora aprovechó que nos quedamos solos para decirme que encomendaba mi alma al Señor y asegurarme que, si allí mismo yo aceptaba a Cristo, entonces estaría con Ël en el paraiso cuando llegara el fin del tiempo.

La buena señora hizo una oración en la que al final le pidió a Dios que inscribiera mi nombre en la lista de los seleccionados para estar a su diestra.

También Cinthia, la más deliciosa y cariñosa esposa del mundo, recibió un montón de llamadas telefónicas de amigos y amigas interesados en conocer cómo estaba. Todos le dijeron que estaban orando por mi pronta recuperación.

Después de todo eso es que he entendido que lo que me ocurrió la pasada semana fue que me coloqué allí, en la avenida, con mi maleta lista a la espera del autobús aquel que conduce la tipa esa que nadie quiere.

Anoche, Domingo Jiménez, que vino a visitarme, me dijo que no me atreviera a morirme porque mucha gente me quiere y, si me pongo a morirme, "mucha gente va a sufrir".

Más o menos, pero con otras palabras, me dijeron Mildred Charlot, Tonty Rutinel y su bella y elegante esposa, José Cabrera, Bertico Santana, Winston Báez, Edita Sandoval, Eladio Rodríguez Solís, Sonya Abréu de Romero, Alexandra Peña, Ramón Valdéz, los "muchachos" de la Digecom, Anny Santos,Atahualpa, Anny, Dinorkys, Genris García, Fernando Peña, Virtudes de la Rosa, Daniel y Ramona Raposo y muchísimos otros más que ayer me visitaron. (Disculpen que no mencione todos los nombres).

Les haré caso. Se lo juro. No me voy a morir.

Pero, ¿Cómo ocurrió todo? ¿Cómo es que, de repente, me convertí en un enfermo "de cuidado"?

A decir verdad, yo no lo se. Si fuera algo de periodismo, de la clase del liceo Ramón Emilio Jiménez, de fotografía, de una página web como esta, de los pleitos de Tonty y Juancito, a lo mejor sabría responderle con cierta certeza.

Pero en este caso que me afecta no estoy muy seguro de conocer las causas, aunque muchos amigos y amigas que me han visitado me han dado sus explicaciones.

Sin embargo, hoy, en el quinto día de mi internamiento quiero contarles qué fue lo que ocurrió.

Lo primero es que a la madrugada del lunes de la semana pasada, el estómago me estaba gritando:

-"¡Hey, Robert! ¡Te estás muriendo!".

Me lo decía con fuerza, pero yo no lo entendía.

¡Qué caray! Yo no nunca había hablado con el estómago.

¿Cómo me lo dijo?

Sencillo, en la madrugada se puso "molesto" y me provocó un fuerte dolor que yo confundí con que

-"Tengo hambre".

Extraño, nunca me había tenido hambre en la madrugada.

Como buen machista (perdón a mis amigas feministas), le susurré en el oído a Cinthia:

-"Bebé, tengo hambre, ¿Tú me puedes preparar un poco de leche?".

Cinthia se desvive por mi tranquilidad, cuida cada detalle de este viejo gruñón.

Ella se levantó un me preparó la leche. Cuando me la tomé "se me quitó el hambre" y recordé el mambo de aquel merengue que dice:

-"¿Qué leche?, en la tapa de la leche...dame mambo".

Ese merengue me lo se de memoria tras escucharlo tantas veces en el colmadón de al lado.

Al día siguiente fuimos Cinthia y yo al acto delanzamiento de campaña de Juan de los Santos. Yo sentía "una penita" en el estómago. Pero no le di importancia. Y trabajamos esa historia.

A la madrugada siguiente, de nuevo el dolor estomacal aquel. Yo juraba que tenía"hambre".Esta vez no quise despertar a Cinthia y me laventé. Fui a la nevera y tomé queso, jamón y me lo devoré rápidamente. Quise preparar algo de leche, pero sentía que no tenía tiempo y decidir abrir una lata de leche evaporada y "glu, glu", me la bebí.

-"Por fin, adios hambre", me dije a mi mismo.

Cuando regresé a la cama le comenté a Cinthia que:

-"Yo creo que algo me está pasando, porque no hay motivos para que dos días consecutivos me de "hambre" de madrugada". Ella, comprensiva, asintió.

Ni por la mente me pasaba que esos dolores me estaban diciendo que, en realidad, me estaba desangrando a chorros.

El miércoles, cuando acompañé a mi hijo Atahualpa a una diligencia en la Gobernación, le comenté que:

-"Mira Ata, cuando te estes poniendo viejo sentirás hambre de madrugada. Ya eso me está ocurriendo a mi".

Los dos reimos de buena gana. Somos buenos amigos y no nos guardamos secretos.

Y así transcurría todo. Yo iba por aquí y por allá. Entrevisté a Sonya Abréu, la esposa de Julio Romero en su residencia. Ella es una mujer muy amigable y simpática. Cuando estaba sentado frente a ella sentí el aviso del estómago. Yo no lo entendía.

El jueves fue dramático. Me enteré de que en la Sala Capitular del Ayuntamiento los regidores estaban reunidos en sesión y me presenté, camara en manos.

Allí estaba yo, obaservando a los regidores y funcioanrios en sus debates. Yo creía que tenía un hambre enorme. Y, al final, quise comer, junto al regidor Winston Báez, en un comedor que hay al lado del ASDE, pero ya no había comida.

El "hambre me picaba". Eso creía yo. Y, cuando llegué a mi casa, me desesperé y, antes de que me prepararan la comida, devoré un montón de guineos verdes que estaban "sancochados" y que vi en una olla.

-¡Que hambre tengo!, pensa, decía y repetía.

A la ignorancia que es atrevida.

Cuando el viernes fui a un almuerzo con un importatelíder político de Santo Domingo Este y un grupo de periodistas,yo casi no comí.Apenas probé un troz de carne preparada con salsa china roja. Más nada.

El sábado fue el gran final.

Cinthia se levantó y se preparó para irse a su clase en el Instituto de Periodismo, en el Conde. Yo me quedé acostado porque sentía "una penita" en el estomago.

Poco después de las 8.00 am, inicié el ritual de cada día. Voy al baño y, ahí fue lo grande. Cuando "evacúo" el resultado es una masa negra, intensamente negra.

Mire a su alrededor, lo más negro que usted vea, así era de negro.

-"¡Diablos!, pensé, "me hizo daño la carne con la salsa roja que comí ayer".

Pero,mi amigo Benzant, que también comió lo mismo, no tuvo el mismo resultado.

Y entonces iniciaron los mareos.

Desconocía que esa masa negra no era otra cosa que la sangre producto de una úlcera que había crecido en mi estómago.

También desconocía que cuando subí al segundo piso de la Junta Municipal Electoral y me cansé, era el producto de que ya tenía poca sangre en las venas. Se me había "cocinado" todda en el estomago.

Fue entonces cuando decidí ir al médico. No por la "masa negra", sino "por el mareito".

Tan pronto llegamos a la emergencia y le dimos las explicaciones correspondientes a la doctora, ella no lo pensó dos veces y me dijo sonriente:

-"Por favor, Don, bájese los pantalones y coloquese de lado, doble las rodillas y...¡Rián!", me introdujo no se que cosa en el recto y comentó que:

-"Eso es, tiene una úlcera sangrante".

Con una rapidéz asombrosa, que yo tampoco entendí, prepararon todo y me ingresaron.

Ellos, los médicos, comenzaban a pelear con la muerte. Procuraban detener el sangrado y, a dcir verdad,lo lograron, aunque todavía no del todo.

Ayer, los "hematócritos" bajaron de 34 a 28. Se dispararon las alarmas y corrimos en busca de sangre.

No fue necesario usarla porque un nuevo examen de la sangre determinó que "los hematócritos subieron a 32".

Pero, escuché que dijo una doctora, si bajan a 25, hay que trasfundirlo.

Ahora, estamos yo estoy vigilando a esos "tipos", (los hematócritos), para que no bajen. Si eso ocurre es probable que me muera.

Mientras tanto, para prevenir cualquier incidencia, allí está guardada la sangre de reserva.

No se cuando saldré de la condición de "cuidado".

Lo cierto es que allí veo a la tipa esa con su cara de calavera riéndose de mi.

Pero, le haré caso a mis amigos. Más me vale. Cambiaré de hábitos para ver si llego un poco más lejos.

Mañana les contaré cómo me fue hoy.

Después, cuando tenga tiempo, les comentaré otros detalles. También investigaré cuanto pueda acerca de cómo y el porqué se producen las úlceras y, en detalles, qué son los "hematócritos", para que sirven y como se producen.

Mientras tanto seguiré con mis compañeros de sala. Ahora soy el más antiguo de los tres que estamos en la habitación, el viejo Máximo, le dieron de alta y ayer se marchó sonriente a su casa. Hoy ingresó uno nuevo.

Ahora voy a descansar.

Besos y abrazos a todos.

Hasta mañana.

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