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20/10/2009

Historia de un secuestro “Cuando pasaron los 15 días, me desplomé”

Fuente:
Listin Diario

Foto: Vidadominicana.com

Santo Domingo.- “Ya no lloro; estas lágrimas son de felicidad”. A pesar de que dos gotas ruedan por sus mejillas como el agua de la lluvia sobre las hojas de los platanares, Hilda Gómez nos quiere convencer de que sus lágrimas no están inducidas por el amargo recuerdo de los 23 días de secuestro de su hijo Edward Baldera Gómez, sino por su regreso “sano y salvo”.

Al agradecer al país por su solidaridad, Gómez proclama su perdón a aquellos “que hablan mal”, impidiéndole tanto a ella como a su hijo mirar la televisión, escuchar la radio y leer en internet, viviendo prácticamente en un estado de acuartelamiento doméstico.

Aún no duerme, porque sus noches son para acompañar a Edward, a quien la oscuridad le molesta y “se acuesta con la luz prendida”.

Su narración se produce en presencia de otros miembros de la familia, entre ellos su esposo, Francisco Baldera, quien narró su odisea, día a día, desde aquella noche cuando recibió una llamada mientras se encontraba en un retiro espiritual en la Casa San Pablo, en Santo Domingo.

Su angustia, su fe en Dios, los vaivenes en su confianza en el trabajo policial y el desenlace, son narrados a LISTÍN DIARIO, que lo reproduce íntegrantemente.
El primero en hablar es el padre del joven.

¿CUÉNTENOS CÓMO SE ENTERA?Fue una cosa difícil. Estaba en un retiro y me avisaron. Llamé a mi hermano para que averigüe con el coronel de la Policía.
Después llamé al abogado mío y le digo que vaya al cuartel, él me dijo que estaba ahí y le dijeron que no. Entonces me dijo que fue un secuestro. Comenzamos a cabildear.

En el grupo que estábamos (Casa San Pablo) había una mujer que era amiga de la esposa del jefe de la Policía, porque habían participado en retiros matrimoniales juntas.
Ella nos preguntó y le contamos, y la señora me dijo que iba a llamar a la esposa del jefe y le explicó. Y ella nos puso al jefe en persona.
Él nos dijo que nos iban a llamar.
Al momento nos llama el encargado de secuestro de parte del jefe y le conté todo. Nos quedamos llorando y preparamos todo y regresamos a Nagua como a las 12 y pico de la noche.

Al llegar al cuartel encontramos mucha gente y ahí se me cerró la garganta y me fui para la casa llorando.

Un tatuaje y los primeros presosDesde esa misma noche la Policía estaba trabajando.
Por cierto, trabajó muy rápido, y esa misma noche encuentra en un carrito a dos tipos que van a socorrer a una camioneta que estaba dañada.
Y los apresan por sospecha, y después se dan cuenta de que el carro era robado, no tenían papeles.

La novia de Edward, cuando se la llevaron, oyó la voz de algunos, le miró el tatuaje a uno, la cara a otro y al que le pasó los 50 pesos le hizo un retrato hablado.
Eso era en la mañana, cuando la estaban interrogando y un investigador dice: “Pero agarraron dos sospechosos anoche” y se lo presentan a la muchacha y ella dijo que se le parecía. Cuando se lo presentaron en persona, ella dice que sí, él se negó, pero ella dijo que sí, que era él, y dijo además que tenía un tatuaje y cuando le levantaron el brazo era verdad.

Ya se tenía uno. Entonces comienzan a agarrar a los cómplices. En un allanamiento en San Francisco de Macorís encuentran a dos más.
En ese lugar, además, encuentran la ropa de Edward rota, los chalecos que ellos tenían, antifaz y sobrecitos de hidratantes.

El jefe en personaLlega el lunes y nosotros estamos desesperados y el jefe (de la Policía) viene a tranquilizarnos y a pedir que tuvieran confianza en ellos.
Nos dijo que los secuestros no son cosas rápidas, que a veces duran entre 10 y 15 días. Cuando nos dijo 15 días, yo creía que el mundo se me iba a caer, que el mundo se terminaba y que me iba a morir también.
No pensé en que tenía dos hijas más. Viene gente y me dan ánimo.
Comenzamos a trabajar y hay gente presa y cogemos confianza.
La Policía me dijo que esa banda había hecho más secuestros y nunca maltratan a la víctima porque significa su dinero y eso me dio fe.

¿COMO SE SENTÍAN?Me levantaba como a las tres de la mañana y encontraba a mi esposa en la sala llorando y yo, que soy operado de corazón abierto, le pedía a Dios que me diera fuerza y fe, porque si me moría iban a haber dos víctimas.

Había muchas fotos en la casa y las quité, solo dejé dos. Cuando pasaron los 15 días y no apareció me desplomé.

Hicimos como 15 equipos de búsqueda por nuestra cuenta.
Unos cogieron para la loma, fueron a Quita Espuela (San Francisco de Macorís), mandamos a imprimir 2,700 afiches para regarlos.
Un equipo fue a Azua, y nos cogieron de mojiganga; otro a Najayo, y un preso nos llamó. Fue que pusimos un número de teléfono en la foto y nos tenían locos con las llamadas.
Hasta de Haití nos llamó un brujo para ofrecernos su ayuda.

Al pasar 18 días estamos desesperados, va a venir el fin de semana y ya han pasado tres semanas y nada, la familia entera llorando y orando y ahí el jefe de la Policía volvió otra vez. Fue el segundo viaje, parece que le dijeron que nosotros nos estábamos desesperando.

Cuando me llaman de la Policía para decirme que el jefe venía, yo creo que me va traer buenas noticias o una esperanza y nos tranquilizamos; pero cuando llega, no viene el muchacho.
Él nos dice que vino a tranquilizarnos, que tengamos fe, que el equipo ya está llegando a los captores, que los tienen acorralados, que se han hecho muchos allanamientos, y le digo que estaba bien, que seguiría todo a cabalidad, porque la Policía había instruido a que si ellos (los secuetradores) me llamaban se lo dijera, que nunca hiciera nada a escondidas.
Entonces, cuando el jefe me dijo que tenían gente presa, yo mismo me dije: bueno pero vamos a terminar con esa banda y me puse para eso.

El jueves (tres días antes del desenlace) fue un día con mucha esperanza.
El viernes en la noche, yo amanezco con mucha fe ya que yo lo esperaba un sábado, por cábala mía, no sé.
Yo sé que mi hijo es inteligente y algo estaba haciendo por su escape y venir porque él sabe los problemas que tenemos nosotros de dinero. Sabía que él estaba preocupado por eso, porque él dejó los estudios para trababar y ayudarme.

Él tenía el tercer semestre en Administración de Empresas y lo dejó y me dijo: “Papi, yo me voy a trasladar para la UAPA (Universidad Abierta para Adultos) que nada más es los sábados y los domingos, porque yo quiero ayudarte”.
Yo le decía que no, que me haría sentir mejor si tenía una profesión, pero él me dijo que no, que quería ayudarme a trabajar y me puse a llorar.
Yo le había comprado un carro y me dijo vamos a vender ese carro para poner ese dinero como aporte a la empresa.
Es que yo estoy operado de corazón abierto y el médico me dijo que tenía que descansar, yo no podía coger mucho pique (Miguel Franjul le dice: ya pasaste la prueba con eso).

Un atracoAparte de eso, cuando yo tenía como tres días de esa operación, a mi equipo le hicieron un atraco que me llevaron siete millones 800 mil pesos, ese era mi capital de trabajo y me dejó en la lona.
Hace tres años, en junio del 2005. El caso aún no se ha aclarado.

Con ese atraco tuve que hipotecar mi casa para seguir trabajando, mi situación económica da un giro, la cosa se pone difícil y hemos seguido trabajando con líos y esas son las preocupaciones que ven los hijos míos, porque yo no estaba acostumbrado a tener tantos problemas así.
Dicen: “Coño, mi papi operado del corazón y con tantos problemas se va a poner loco”.
La hembra fue la que se quedó en el negocio y lo defendió a uñas y dientes, ahí es que surge el deseo de él de trabajar y lo dejamos.
Después, mi esposa dice que son muy peligrosos esos viajes para allá (Samaná), que no lo quiere. Le digo: “Mi hijo, vamos a parar, vete para Nueva York para que estudies un año de inglés, para que cuando vengas sigas tu universidad”. Él no quiso y lo dejamos trabajando.

¿CÓMO FUE ESE DÍA QUE LO LIBERARON?
Cuando llegó ese día, el sábado, que yo estoy en la mañana, cocinando, a veces me la doy de cocinero, y casi estoy animado y llegó las 12:00 del mediodía.

Le quiero decir que el jefe de la Policía, muy humano, se cogió ese problema para él, porque es una persona que cree en Dios y tiene hijos, e inmediatamente la esposa de él le explica y otras personas que nos conocen y lo llaman, porque saben que no somos personas vagabundas, lo llamaron de todas partes.

El jefe nos dijo: “Yo no acostumbro a ir dos veces a una casa cuando hay un problema, pero la ocasión me ha obligado a venir aquí para darle algo, para que no se me desesperen”.

Yo simplemente me siento satisfecho del jefe de la Policía y aparte de eso se ha hecho un trabajo profesional, el que diga que no, está hablando lo contrario, porque ellos trabajaron, porque ¿qué es lo que se quiere, no es que se acabe con la delincuencia y las drogas?

Aclaración del tío, Pedro Baldera:
Muchas personas han criticado, que el día que Eduardito vino, de manera espontánea y dado el precedente de que todas las organizaciones sociales habían hecho un sinnúmero de actividades religiosas, etcétera, y una semana antes se había puesto a circular un rumor de que nosotros lo teníamos en la casa, que vino maltratado y le faltaban tres dientes, como consecuencias de eso, de esa presión y de esa confusión, el día que aparece, dada la gran concentración de gente que hubo aquí del pueblo, nosotros, obviamente, para evitar que se presentara el rumor anterior, tuvimos que presentar al muchacho y así se inició una caravana y de ahí vienen los cuestionamientos que se han hecho, de por qué él salió a hacer un recorrido por el pueblo.
La intención era que culminara precisamente en una actividad religiosa que tenía la Iglesia Metodista Libre, que por razones circunstanciales no se pudo hacer.
Se hizo más tarde. Todavía aquí les tienen varias misas.

Testimonio de la madre
PARA USTED, COMO MADRE, ¿CÓMO FUERON ESOS DÍAS?
Desde el primer momento que supe que a mi hijo lo habían secuestrado fue un calvario para mí, me sentía sin vida y oraba mucho, desesperadamente, pero confiaba mucho en el Señor, tenía esa fe y le pedía que me lo cuidara y devolviera.
Nunca pensé que estaba muerto, pensaba que me lo maltrataban.
Me preguntaba por qué, Señor, si mi hijo siempre se comportaba bien, no es de la calle, es humilde y con un gran corazón.

Dentro de ese gran sufrimiento me soñaba con él. Lo veía así, pelado, y mami, que está muerta, se sentaba al lado, y me decía: “Yo le pasó la mano a tu hijo”. Oraba por los que lo buscaban y oraba por los secuestradores, que les arreglara la mente.

Dormía en el sueloYo dormía en el suelo, en el cuarto de él y el mismo día que se escapó yo estoy soñando en la madrugada que él me llama por teléfono y cuando lo cojo, le digo: “Habla, mi amor”.
Desperté con esa agonía y me puse a rezar. Cuando me paré le dije: “Señor, ¿Por qué me has abandonado?, ¿Qué te he hecho?” y recé diez Padre Nuestro.

Entonces, mandé a organizar su cuarto, pedí que le tendieran sábanas blancas y el compadre puso un rosario. S
alí y me bañé.
Tenía doce días sin comer y me internaron.
Le estaba haciendo el sueño al coronel Tineo y ahí mi esposo dice: “¡Hilda, se escapó!” Y yo me tiré en el suelo, orando, dándole gracias a Dios.
Le doy gracias al Señor, primero; al pueblo dominicano por su solidaridad, por orar por nosotros, porque tenemos mucha fe; gracias a la Policía, porque ha trabajado bien y le pido a Dios que perdone a esa gente que hablan mal, porque mire, gracias Dios y el jefe de la Policía eso se va a acabar.

Cómo vamos a hablar así de una gente que están trabajando, como van a decir esas cosas de un niño así, dizque que se haya autosecuestrado.
Es un dolor muy grande para mí y para él, porque es una frustración muy grande la que él tiene.
Yo no permito que él vea la televisión, ni yo la veo, porque me duele cuando dicen cosas así, pero aun así yo le pido al Señor muchas bendiciones para ellos.

Ya no lloro, porque estas lágrimas son de felicidad.

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