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17/10/2010

IV. La vida del sacerdote actual.

Por el Padre Rogelio Cruz

Daño del conservadurismo y la tradición.

El sacerdote está cogido entre una jerarquía ordinariamente conservadora y tradicionalista y un laicado conservador en su mayoría. IV.

La vida del sacerdote actual.

Daño del conservadurismo y la tradición.

El sacerdote está cogido entre una jerarquía ordinariamente conservadora y tradicionalista y un laicado conservador en su mayoría.
El conservadurismo de gran parte de la jerarquía, que tiene acallada y no presta oído a las voces que vienen de las capas más humildes de la Iglesia será la responsable de que todo este proceso no se realice de manera adecuada.

Uno puede esperar más o menos tiempo cuando está bien sentado y con los problemas resueltos.

Pero esperar en la cuerda floja es muy incómodo y muy difícil.

Y lo más normal es que el espera en esa situación se caiga.
La vida del sacerdote actual tiene mucho de la cuerda floja: con su celibato, con su forzada obediencia, como de infante, debido al conservadurismo que tanto prevalece en la Iglesia, con la falta de convicción de que lo qué está haciendo es lo que tiene que hacer y lo que pide la Iglesia.

Si el sacerdote se viste como hombre normal, si frecuenta lagares donde van todos, si va a la playa, al cine, al club, si se sienta en un bar con algún peligres, si cambia algo de lo de la misa y la hace más a mena, si lleva pancartas y cartelones acompañando una protesta, si habla de respeto a los derechos de todos y de la justicia; si un sacerdote habla y actúa así que se prepare, pues le vendrán encimas muchas situaciones: El Obispo lo llamaría al orden, su superior lo amonestará severamente, las viejas beatas y beatos le enviaran una carta al obispo, don Fulano (explotador del pueblo), amenazará con quitar la ayuda a la parroquia si el curita no se calla o lo cambian.

En cambio si el sacerdote sigue fielmente las pautas que le trazó su director espiritual en el seminario, se recoge a su tiempo, no frecuenta el trato con la juventud de su parroquia, nunca hace ningún tipo de denuncia, si repite lo que aprendió en el seminario, si anda siempre con ropa clerical, si visita poco a las familias, para no causar escándalo, ese si es un sacerdote ejemplar.

Esta es la realidad de muchos sacerdotes hoy día: son hombres a presión, hostigado en lo externo y atormentado y pensando a dónde ir.

A lo que más deberían ayudar no tienen los superiores con ellos una relaciones de verdadera fraternidad, no les permiten que se desahoguen, no se le escucha; por eso no hay que extraerse se sienta desfallecer debajo de la cruz y abandonen el ministerio. (Mi Iglesia duerme).

El conservadurismo de gran parte de la jerarquía, que tiene acallada y no presta oído a las voces que vienen de las capas más humildes de la Iglesia será la responsable de que todo este proceso no se realice de manera adecuada.

Uno puede esperar más o menos tiempo cuando está bien sentado y con los problemas resueltos. Pero esperar en la cuerda floja es muy incómodo y muy difícil. Y lo más normal es que el espera en esa situación se caiga.

La vida del sacerdote actual tiene mucho de la cuerda floja: con su celibato, con su forzada obediencia, como de infante, debido al conservadurismo que tanto prevalece en la Iglesia, con la falta de convicción de que lo qué está haciendo es lo que tiene que hacer y lo que pide la Iglesia.

Si el sacerdote se viste como hombre normal, si frecuenta lagares donde van todos, si va a la playa, al cine, al club, si se sienta en un bar con algún peligres, si cambia algo de lo de la misa y la hace más a mena, si lleva pancartas y cartelones acompañando una protesta, si habla de respeto a los derechos de todos y de la justicia; si un sacerdote habla y actúa así que se prepare, pues le vendrán encimas muchas situaciones: El Obispo lo llamaría al orden, su superior lo amonestará severamente, las viejas beatas y beatos le enviaran una carta al obispo, don Fulano (explotador del pueblo), amenazará con quitar la ayuda a la parroquia si el curita no se calla o lo cambian.

En cambio si el sacerdote sigue fielmente las pautas que le trazó su director espiritual en el seminario, se recoge a su tiempo, no frecuenta el trato con la juventud de su parroquia, nunca hace ningún tipo de denuncia, si repite lo que aprendió en el seminario, si anda siempre con ropa clerical, si visita poco a las familias, para no causar escándalo, ese si es un sacerdote ejemplar.

Esta es la realidad de muchos sacerdotes hoy día: son hombres a presión, hostigado en lo externo y atormentado y pensando a dónde ir.

A lo que más deberían ayudar no tienen los superiores con ellos una relaciones de verdadera fraternidad, no les permiten que se desahoguen, no se le escucha; por eso no hay que extraerse se sienta desfallecer debajo de la cruz y abandonen el ministerio. (Mi Iglesia duerme).

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